La Corona, símbolo de estabilidad nacional

Cuando apenas había transcurrido un mes y medio de su proclamación como alcaldesa de Barcelona, Ada Colau ordenó retirar el busto del Rey Juan Carlos I que presidía el Salón de Plenos del Consistorio. La operación, supervisada con solemnidad tucumana por el primer teniente de alcalde, Gerardo Pisarello, supuso un antes y un después en la cultura política española. De algún modo, y a rebufo de la crisis que había desembocado en la abdicación de don Juan Carlos I de Borbón, la hostilidad a la monarquía superaba el cerco marginal en el que se hallaba encapsulada para hacerse carne en el Ayuntamiento de la capital catalana.

Desde entonces, las escaramuzas simbólicas contra la Casa Real se han venido sucediendo de un modo casi protocolario. Desaires infatuados, discursos hiperventilados, plantones operísticos.

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